miércoles, diciembre 20, 2006

El ocaso de Bernardo





Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
20 de diciembre de 2006

El ocaso de Bernardo

La caída política de Bernardo Gómez no sería nada, salvo que fue el hombre más fuerte de Televisa, la empresa más importante del mundo de habla hispana

Bernardo Gómez siempre fue una especie de alter ego de Emilio Azcárraga Jean, por lo que el heredero de la dinastía siempre estuvo dispuesto a correr riesgos por él. Enfrentó a su padre, quien le recriminó esa amistad a tal grado que llegó a prohibirle la entrada a Televisa, y cuando asumió la presidencia en 1997 tras morir El Tigre, ratificó ese cariño al pronunciar una frase que haría historia: "Todo lo que le hagan a Bernardo Gómez, me lo hacen a mí". Todos entendieron, incluido el círculo íntimo formado por José Bastón -unido al joven Azcárraga por un infortunio de la vida- y el poderoso financiero Alfonso de Angoitia, con quien Gómez mantuvo siempre la competencia para ser el consejero predilecto del presidente del medio de comunicación más importante del mundo de habla hispana. Pero, como escribiría el poeta y músico brasileño Vinicius de Moraes, en su soneto de La fidelidad , "que el amor, puesto que es llama, sea infinito, mientras dure".

Azcárraga, con casi una década de experiencia al frente de Televisa, ni es un demente, ni come lumbre. Es un ejecutivo que, junto con su equipo de jóvenes, ha demostrado que la audacia empresarial da resultados. Pero no se gobierna solo. Al ser una empresa pública tiene que presentar informes trimestrales a sus accionistas, en la Bolsa Mexicana de Valores y en Wall Street, que al final son los administradores y reguladores de las pasiones y las acciones temerarias. Cuando se juega en esas ligas y el negocio representa los intereses empresariales en un mercado de 500 millones de personas, cualquier ejecutivo, por más cercano y querido que sea, es desechable. Bernardo Gómez jugó al máximo de las posibilidades que Azcárraga le dio y acabó su ciclo. El hombre más influyente en Los Pinos durante el sexenio pasado subió muy alto y muy rápido. Cuando esto sucede, se da un efecto newtoniano: se cae vertical y velozmente.

Bernardo Gómez ya no lleva las relaciones políticas con el gobierno de Felipe Calderón como las condujo con el de Vicente Fox. Imposible de mantenerlas de la manera como las había construido, desde la estrechísima cercanía con Marta Sahagún que, por proximidad y control anímico, ordenaba sobre el ex presidente Fox. La relación institucional del gobierno de Calderón con Televisa las llevan directamente Juan Camilo Mouriño, jefe de gabinete en Los Pinos, quien tiene el enlace con Azcárraga, y Maximiliano Cortázar, quien hasta la semana pasada, cuando menos, trataba los asuntos informativos con el vicepresidente de Noticias, Leopoldo Gómez. Bernardo Gómez se equivocó políticamente, empapado en la soberbia que la genuflexión interesada de la señora Sahagún había construido artificialmente. "Nadie es más poderoso que un Estado", máxima que no debió olvidar quien funge nominalmente como director adjunto de la Presidencia de Televisa.

El poder de una empresa que ha conformado la cultura mexicana en casi medio siglo, que controla la industria del entretenimiento, constructora de un apabullante star system, proveedora de contenidos a más de 600 cableros, dueña del sistema Sky que tiene 180 canales y más de un millón de suscriptores, que mantiene 23 señales de televisión en tres continentes, cuatro canales de televisión abierta en la capital -ninguna cadena de televisión en el mundo lo tiene-, que opera más de 306 estaciones de radio, y tiene sellos disqueros, de videos, cine, editorial, internet, licencias, alianzas estratégicas en el mundo, además de una escuela de educación artística -que controla 90% del talento en México- y tres equipos de futbol de la Primera División -incluido el estadio más grande del mundo en capacidad de asientos-, no es, sin embargo, infinito. Bernardo Gómez no lo calculó así.

A lo largo del sexenio jugó para la empresa y para él mismo. Manejó a su gusto a la señora Sahagún para que se redujera un impuesto en tiempos fiscales a las televisoras de casi cuatro décadas de 12.5% a 1.25%, con lo cual el Estado dejó de percibir casi 30 mil millones de pesos, y el año pasado impulsó una nueva ley de radio y televisión que fue llamada Ley Televisa, que generó tanta oposición pública que no se descarta que el Congreso redacte una nueva ley que la anule. Esa ley le ocasionó a Televisa su primer gran enfrentamiento con el entonces muy poderoso Andrés Manuel López Obrador, a quien Gómez envió una copia de la ley a principios de diciembre pasado para su aprobación. López Obrador respondió que no había problema, por lo cual los diputados perredistas votaron a favor de ella. Meses después, ya en campaña, se cambió la señal y los senadores del PRD ayudaron a frenarla en el Senado. Cuando le reclamó Gómez a López Obrador y le dijo que lo había traicionado, el entonces candidato presidencial le dijo que los tiempos habían cambiado.

Gómez se molestó con López Obrador pero no rompió. Su relación con el PRD había sido de claroscuros durante el sexenio. En la campaña de 2000, el PRD de Rosario Robles se endeudó con Televisa y cuando vino la intermedia de 2003, con la amenaza de no difundir ningún spot, un amigo de todos ellos, el empresario Carlos Ahumada, salió al rescate del partido. El adeudo de 12 millones de dólares del PRD con Televisa fue cubierto por Ahumada, aunque, según el propio empresario, sólo nueve ingresaron a Televisa. Los tres millones restantes, decía Ahumada, ratificado tiempo después por René Bejarano, afectado públicamente por los videoescándalos, había ido a la cuenta de Gómez y a la construcción de una cava de 700 mil dólares. Cuando pese a esa erogación Televisa inició una campaña contra Ahumada en relación con sus actividades en el futbol, el empresario se quejaba de que de nada le había servido el dinero entregado a Gómez. En realidad sí sirvió, pero al PRD. Gómez se casó políticamente con López Obrador, aunque uno de sus cercanos asegura que eso no se vio en tiempos de pantalla durante la campaña.

Lo que no saben es que la certidumbre que tenía Gómez de que iba a ganar López Obrador, le generaría algunos de los más fuertes enconos con el equipo de Calderón. Varios de ellos recuerdan cómo, cuando iban a hablar con el otrora poderoso ejecutivo de Televisa, los recibía con los pies sobre el escritorio, los maltrataba y les sacaba las encuestas de preferencia de voto de la empresa para asegurar que López Obrador ganaría la elección. La historia se escribió de manera diferente y López Obrador se fue alejando de Gómez, mientras que con Calderón empezaba su hibernación. Durante un sexenio activo importante de Televisa, Gómez es hoy un lastre. Tras la victoria de Calderón Gómez cambió significativamente su trato; muy tarde. En forma gradual, pero con celeridad, las relaciones institucionales entre Televisa y Calderón se fueron restableciendo. Personalmente no hay problemas. Azcárraga es amigo personal de Calderón. Lo de Bernardo Gómez, como se juega en esas ligas, es strictly business. Y como siempre, nada personal.

rriva@eluniversal.com.mx

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BASTA, de que el poder del dinero se imponga a la moral, a la dignidad del PUEBLO DE MEXICO, apoyemos a Obrador

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martes, diciembre 19, 2006

Opinión- Germán Robles

Cuarta República.


Teledictadura: amenaza a la seguridad nacional.
Publicado en la Jornada Jalisco,19-dic-06

Germán Robles Castañeda.
Redes Ciudadanas.

El fuerte control, manipulación y persuasión que el duopolio televisivo Televisa y TVAzteca ejercen sobre la información y la vida pública no son un asunto aislado ni menor. Las comunicaciones y su salvaguarda son tarea estratégica de cualquier país que se digne de ser soberano e independiente; no son aspectos aislados de la vida social, no se trata de la simple telecracia como muchos afirman, porque si ese fuera el caso gozaríamos de un régimen informativo basado en la pluralidad, diversidad y equidad económica de medios, cosa inexistente y que el duopolio se empecina en obstaculizar. Por ello tenemos que hacer valer el precepto que hace del espacio aéreo un bien nacional.

El análisis de los medios electrónicos de comunicación pasa imperiosamente por la comprensión de que el papel de los anteriores es formar parte indispensable para el sostén del orden social de las clases dominantes; es decir, son un aparato que concatenado con otros de carácter ideológico, constituyen el aparato de dominio del Estado dentro del esquema de sociedades capitalistas. Los arquetipos, sofismas y prejuicios políticamente correctos son correspondientes en los tres ejes de la manipulación ideológica ejercida por las escuelas (con programas fabriles y proclives al interés de la clase dominante) la iglesia y los grandes medios electrónicos. Por todo lo anterior se deduce que la influencia política, como cultural que ejerce este monstruo bifurcado es de trascendencia para el futuro democrático, para la educación y valores, ergo, la viabilidad socioeconómica de un país, los cuales si entran en crisis tal como hoy ocurre, se puede ver bajo amenaza la seguridad nacional.

En México se ha confundido el concepto de “libertad de prensa” en el sentido de que la prensa está libre del control del gobierno, bajo este eufemismo la teledictadura se escuda para tachar a cualquier disidencia, crítica, control o equilibrio gubernamental como actos represivos a la libertad de expresión y los califica absurdamente como “ley mordaza”. Se vale también de estos falsos dilemas para atacar y calumniar a periodistas, políticos y comunicadores -con difícil derecho a réplica- cuyas ideas no concuerden o amenacen intereses que implican a los detentores de los grandes medios, es decir, el interés económico de los grandes grupos financieros y empresariales quienes son los dueños y están detrás de los medios de comunicación. Que empresas privadas ejerzan el derecho a la información, y la existencia del control de los mismos no está a discusión, lo que se cuestiona es el significado de dichos controles que en la práctica obstaculizan la expresión de ideas, limitan los contenidos de calidad y enajenan toda información legitima y social si es ajena a sus intereses.

Nuestro país ha vivido acelerados cambios en las últimas décadas, los procesos democráticos se han transformado, cayó el antiguo régimen priísta, cuyo autoritarismo fortaleció el poder e influencia de Televisa principalmente; destacando los tiempos del diazhordacismo donde el único canal informativo era la fuente oficial y cualquier contradicción era penalizada, Televisa asumía la difusión, respaldo y beneplácito mediático de los actos de gobierno a fin de enmascarar golpismos políticos, la guerra sucia, el fatídico 68, devaluaciones y demás trapacerías del gobierno en turno.

Televisa sigue allí, sin reforma, ni democracia doméstica mayor que pueda evitar la enorme contradicción entre discurso y realidad; en esencia el consorcio no ha cambiado, y ha violado una de las reglas comunes de los grandes medios en países capitalistas y desarrollados: no pudo evitar las posiciones de grupos de franca posición fascista, ello quedo demostrado en el pasado proceso electoral de 2 de julio por medio de una intensa y costosa guerra sucia con cargo al erario público y compromiso de futuras prebendas mediáticas.

Es ingenuo considerar que con la transformación y venta salinista del otrora IMEVISIÓN iba a haber realmente pluralidad, competencia y democracia en medios, que sería el inicio de una etapa de mayores alternativas en la información. No, en absoluto, no hay análisis que resista esos supuestos; vivimos una creciente de represión de voces y contenidos políticos, los cuales están limitados a canales “minoritarios” por decirlo de algún modo. México nunca ha tenido democracia, fuera del dogma constitucional, ni derechos huecos que constituyen letra muerta hasta nuestros días, transitamos de dedazo en dedazo, por un régimen autoritario, que después de traicionar los principios de la revolución, nos dio una nueva dictadura neoliberal que se inauguró con Miguel de la Madrid; durante dichos periodos, y en el ínterin de la mal llamada “transición mexicana”, el antiguo Tele sistema mexicano ha prevalecido como dictadura mediática, por lo tanto de tipo ideológica como política, causando brutales daños en la conciencia y memoria colectivos, en la estructura mental de generaciones.

Televisa es el principal enemigo de la democracia, y su manipulación, sesgo, producen una coerción cultural que lo constituyen como el poder real, encima, por mucho de cualquier orden y poder de gobierno; es hoy uno de los principales eslabones del circulo vicioso social, que impele a la clase política mexicana a ceñirse a sus dictados, salir a cuadro es lo único que les importa, figurar; por ello es ingenuo considerar que desde el poder público, con estos actores, se vaya a establecer un equilibrio que reduzca el fuerte control que tanto Televisa como TV Azteca ejercen sobre los medios y la información. Mucho menos aún podemos esperar en el largo plazo la reforma fundamental a la Ley General de Radio y Televisión. De ahí que la tarea la tendrá que hacer forzosamente la sociedad civil, somos los ciudadanos los que debemos convocar y someter al duopolio bajo intensa presión, entre los objetivos, demandar la derogación de todas las reformas perversas de la llamada “Ley Televisa”. Recalco que es tarea desde abajo, pues el estado por su vocación capitalista no eliminará la fuerte inclinación a la conformidad y conservadurismo en los medios.


La falacia del círculo verde.

A los propietarios de TV Azteca y Televisa en particular les da por protestar que no están interesados en la cosa pública, que lo suyo es vender, programar para el entretenimiento de las masas, difundir conocimiento educación (sic), etc. Pero como afirma el teórico socialista Ralph Miliband “Es ingenuo o hipócrita afirmar que todos estos propósitos son incompatibles con la promoción de ideas políticas”, de ahí que la injerencia política que tiene el duopolio es imperativa cuando se trata de salvaguardar sus intereses de clase y posiciones, de ahí que de forma súbita suelen emprender golpes y ataques con gran interés político. ¿Le recuerda algo el beneplácito de Televisa cuando el golpe a Excelsior, o la virulencia con la que reacciono Salinas Pliego cuando Hacienda estaba a la caza del fraude a accionistas del Grupo Unefon?, Sí, cuando de repente se volvió “enemigo” del Fobaproa y nos recetó dos semanas de “denuncia” televisiva. Así Televisa, litigo su ley ante medios, con un sendo editorial de López Dóriga atacando a sus detractores. Y lo último, el golpeo al grupo farmacéutico SABA que amén de sus prácticas “criminales” se sabe que tiene interés de tener una concesión de TV, lo que significa una competencia más para Azcárraga.

Los grandes medios privados, el duopolio que constituye la teledictadura responden ante accionistas y empresarios; los medios alternativos y emergentes deben crecer y desarrollarse, porque ellos estarán obligados a responder a sus comunidades, a los intereses sociales, de ahí la importancia de crear cooperativas para la comunicación, aprovechar las nuevas tecnologías para que se manifieste el sentir de los grupos más vulnerables y la opinión social, que no siempre se halla entre la opinión publicada, confundida con la pública.

Las claves serán la organización alternativa de los medios de comunicación, garantizando un equilibrado régimen de medios públicos en primer instancia, en segundo término un amplio sector cooperativo, con la posesión y control de medios por parte de periodistas, miembros diversos de los medios y grupos sociales, autofinanciados por parte Estado, parte esquemas cooperativistas de la producción. En tercer término medios privados bajo estricto control democrático. Donde se limite a individuos el número de concesiones, y donde se fijen reglas precisas para que los grupos empresariales no se escuden “en la libertad de expresión” para actuar como grupo de choque y financien campañas fascistas y fraudes electorales, que a estos miserables no se les olvide que dicha libertad de expresión es consustancial a individuos y no a empresas o grupos.

Debemos desarrollar ampliamente estas alternativas para cuando sustituyamos a la teledictadura existan los medios fuertes para llenar el espacio y garantizar el derecho amplio a la información. De lo contrario la teledictadura mediará en la reconfiguración de la reconquista de México por parte de medios internacionales, ya lo hacen los bancos, la iglesia busca recuperar sus bienes de ahí el simbolismo de Oaxaca y el silencio de lo que ahí sucede, y Televisa establece sociedad con consorcios españoles de Televisión que quieren influir en México. Si hay que romper el círculo vicioso, habrá que empezar por aquí, terminemos con la teledictadura, es un asunto de seguridad nacional. Así de simple. Así de elemental.


YA BASTA, de que el poder del dinero se imponga a la moral, a la dignidad del PUEBLO DE MEXICO, apoyemos a Obrador

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